Madrid, 15 de octubre de 2011- Vayas al lugar que vayas, si te acercas a las zonas rurales encontrarás lo mismo; mujeres trabajando la tierra, labrando, cuidando del ganado, sembrando, recolectando,... Seguramente llevará en brazos a algún pequeño o no muy lejos de allí habrá varios niños correteando. Pero también, cada vez más, verás a mujeres que toman la palabra, mujeres que luchan por ser dueñas de sus tierras, líderes de grupos campesinos y que son capaces de participar y tomar decisiones.
Por lo general, las mujeres rurales se enfrentan a numerosas dificultades que van desde los abusos físicos hasta las malas retribuciones. Suelen estar relegadas a un segundo plano y no pueden tener las tierras o el ganado en propiedad.
Las desigualdades de género en el acceso a la tierra son enormes. En todas las regiones en desarrollo las mujeres tienen menor tendencia, sin excepción, a poseer o gestionar las tierras; también es menos probable que tengan acceso a tierras en arrendamiento, y en caso de tenerlo sus parcelas suelen ser de peor calidad y más pequeñas.
Sin embargo,
según un informe de la FAO (2011), si las mujeres en las zonas rurales tuvieran el mismo acceso que los hombres a la tierra, la tecnología, los servicios financieros, la educación y los mercados, se podría incrementar la producción agrícola. Lograr esta igualdad de oportunidades supondría disminuir entre 100 y 150 millones el número de personas hambrientas en el mundo.
En países como
Bolivia,
Guatemala o
Marruecos trabajamos para cerrar la brecha de género existente las zonas rurales capacitando a hombre y mujeres sobre los derechos y deberes de las personas y creando espacios de diálogo, participación y toma de decisiones conjuntas para garantizar que todas las voces sean escuchadas.