Ya en 1990, las previsiones del IPCC anunciaban que el cambio climático iba a incrementar el número de migraciones. Las previsiones de Naciones Unidas para este
2010 hablan de
50 millones de desplazados ambientales y las del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señalan que, sólo en
África, podría haber
50 millones de desplazados ambientales en 2060. Por último, los pronósticos del catedrático Norman Myers de la Universidad de Oxford apuntan a que en el 2050 habrá 200 millones de migrantes ambientales por fenómenos relacionados con el calentamiento global, el avance de la desertificación y la pérdida de biodiversidad.
A pesar de lo llamativo de estas estadísticas y la evidencia de que las migraciones por razones ambientales se convertirán en uno de los principales problemas políticos de este siglo,
apenas hay respuestas políticas coordinadas para abordar este complejo fenómeno. En los textos de negociación que se manejan en esta Cumbre de Cancún, se hace tan sólo una mención a este tema y se "
invita a las Partes a tomar medidas para mejorar el entendimiento, coordinación y cooperación en lo que respecta al desplazamiento, la migración y el traslado planificado a nivel nacional, regional e internacional, como consecuencia del cambio climático, cuando corresponda".
Creemos que se trata de una invitación demasiado abierta, que no insiste lo suficiente en la necesidad de poner en marcha una estrategia contundente que responda a los tremendos impactos sociales de los desplazamientos forzados a causa del cambio climático. Por ahora, las migraciones están lejos de convertirse en una de las prioridades del proceso negociador, aunque la gravedad de este tema sí empieza a abordarse en diversos eventos paralelos que tienen lugar al margen de las negociaciones.
Detrás de estas cifras, "hay dramas personales que afectan a muchas poblaciones de países en desarrollo, sobre todo en el ámbito rural" como señala Koko Warner (Responsable del departamento de migraciones ambientales, vulnerabilidad social y adaptación de la Universidad de Naciones Unidas). Para Warner, "los desplazados ambientales necesitan respuestas políticas rápidas. También es fundamental seguir investigando para identificar qué patrones siguen estos movimientos migratorios, y no olvidar que también debemos ocuparnos de las personas que se quedan en los lugares de origen". Estas y otras realidades se reflejan en el documental "Tukki, la huella ambiental", que estamos proyectando en uno de los espacios del centro de negociaciones y en varios cines de Cancún y Playa del Carmen.
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MIGRACIONES FORZADAS
En la mesa redonda "Desplazamiento y migración: ejemplos de iniciativas para fomentarla resiliencia y la adaptación", organizada por el UNFPA (Fondo de población de las Naciones Unidas) diversos expertos de varias agencias de Naciones Unidas insistían en que la aproximación al fenómeno de las migraciones ambientales debía plantearse desde 3 niveles:
- Prevenir todo lo posible las migraciones forzadas: la necesidad de anticipación por parte de los países afectados es fundamental en este punto. En este sentido, se señalaba la importancia de mejorar las estadísticas y las previsiones a nivel internacional y de manera interna, ya que hasta ahora existen pocos estudios al respecto.
- Cuando estas migraciones forzadas se producen, proveer de asistencia y protección a los desplazados: es necesario establecer sinergias entre los programas nacionales de adaptación, los planes de gestión de desastres y las estrategias de reducción de pobreza. También es necesario avanzar en la protección jurídica de estos migrantes y abordar este tema desde una perspectiva de derechos humanos.
- Facilitar la migración como una estrategia de adaptación al cambio climático. Este tercer punto suscitaba bastante controversia, ya que se planteaba la dicotomía sobre si la migración es una estrategia más de adaptación a los efectos del cambio climático, o si por el contrario debería considerarse más como una consecuencia no deseada.
Las opiniones estaban divididas y coincidimos con las que expresaban que las migraciones ambientales deben entenderse como una consecuencia del cambio climático y no como estrategia para enfrentar sus efectos. La migración debería ser la última opción para las poblaciones afectadas:
si se ven forzadas a desplazarse es porque las estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático han sido insuficientes, debido a la falta de compromisos por parte de los países desarrollados.
Entendemos que las estrategias de adaptación deben mantener e incrementar la calidad de vida de las poblaciones afectadas y en ningún caso deben atentar contra su estabilidad sociocultural; por ello no podemos simplificar las migraciones ambientales como estrategia de adaptación, sino que deben analizarse desde una perspectiva más holística, considerando que son el resultado de la combinación entre cambio climático y multitud de factores económicos, sociales y políticos.
Se trata de un problema que debe abordarse desde distintos frentes, siendo consientes que sólo a través de la coherencia entre las políticas ambientales, agrícolas, comerciales, migratorias, etc., se podrá dar una solución real a los efectos del cambio climático y entre ellos a los desplazamientos forzados.