Las mujeres, las grandes olvidadas en Poznan
El Panel Intergubernamental de Cambio Climático asegura que los impactos del cambio climático se distribuirán de manera diferenciada entre las distintas regiones del mundo, generaciones, grupos socioeconómicos y géneros. Sin embargo, las negociaciones de Poznan están prestando poca atención a los impactos sobre los ciudadanos más pobres del mundo, la mayoría de ellos mujeres.
Es ya una evidencia que el calentamiento global está afectando gravemente a las condiciones de vida de las poblaciones más pobres del planeta: dependen directamente de los recursos naturales para sobrevivir y no disponen de medios suficientes para hacer frente al cambio climático (CC).
Las mujeres constituyen el 70% de esta población y, debido al modelo tradicional de distribución del trabajo, ellas son responsables de la alimentación, el abastecimiento de agua, la obtención de leña… por ello dependen más directamente que los hombres de unos recursos naturales que se están degradando o desapareciendo.
Además, el CC juega un importante papel en la aparición de epidemias, como por ejemplo la malaria en África oriental o el incremento de un 70% de los casos de cólera en Bangladesh. Las mujeres en estos países tienen menor acceso a los servicios médicos que los hombres y su carga de trabajo se ve incrementada, ya que tienen que invertir más tiempo en cuidar a los enfermos.
Pero las mujeres no son sólo víctimas del CC sino también agentes de cambio ya que tradicionalmente siguen siendo las principales garantes de la conservación y cuidado de los recursos naturales y la biodiversidad. El rol tradicional de género que se ha asignado a las mujeres en la mayoría de las culturas ha favorecido que sean ellas las encargadas de cuidar los recursos medioambientales, gestionarlos y fomentar su sostenibilidad.
Un ejemplo de empoderamiento de las mujeres vinculado con soluciones al CC es el movimiento del cinturón verde de Kenia, fundado por la premio Nobel Wangari Maathai, que junto con el Banco Mundial firmaron un acuerdo de reducción de emisiones en noviembre de 2006 para reforestar dos áreas montañosas en Kenia. Varios grupos de mujeres plantarán miles de árboles, gracias a esta iniciativa, que permitirá aumentar los ingresos de las mujeres más pobres del ámbito rural. En este caso, el empoderamiento de las mujeres contribuirá también a la captura de 350.000 toneladas de dióxido de carbono, a la restauración de suelo afectado por la erosión y a la regularización de las precipitaciones, esenciales para los agricultores de Kenia y para las plantas de producción hidroeléctrica.
Ante estas evidencias, IPADE junto con la red internacional Global Gender and Climate Alliance (GGCA) está desarrollando en esta COP14 una labor de incidencia, con el fin de que la Convención de Cambio Climático incorpore una estrategia específica de género plenamente integrada. Sin esta estrategia específica las medidas que se adopten no serán igualitarias para más de la mitad de la población mundial.