CONTEXTO
Las comunidades altoandinas con las que trabajamos se caracterizan por estar dispersas unas de otras. Su población, hombres y mujeres, se dedican principalmente a la
cría de ganado ovino, bovino y camélidos sudamericanos. Otras actividades de la zona son la agricultura (principalmente en zonas de valle) y la artesanía. La actividad pecuaria, al igual que la actividad agrícola, obtiene unos
niveles de producción muy bajos. La baja calidad de los pastos, la falta de control sanitario o el manejo inadecuado de los recursos agrícolas y ganaderos condicionado a su vez por otros factores ambientales, sociales y económicos, son algunas de las razones principales.
Estas zonas altas de la provincia de Canchis presentan además
limitaciones de acceso a servicios de agua apta para consumo humano, a sistemas de eliminación de excretas, de acceso a energía eléctrica y a sistemas acceso a tecnologías de información y comunicación. Los indicadores de salud y educación muestran altas tasas de deserción escolar así como altos índices de orbi mortalidad materno-infantil. La elevada dispersión poblacional dificulta la puesta en marcha de propuestas de desarrollo desde el Estado y Entidades Privadas.
Se producen
importantes procesos migratorios en la zona, unos de carácter temporal (población joven en edad escolar, quienes por las limitaciones y carencias de los servicios educativos migran a las localidades de piso de vallé o capitales de distrito como Maranganí, San Pablo, y Sicuani) y otros de carácter definitivo (como consecuencia de la falta de oportunidades laborales y económicas de la zona) hacia las ciudades de Sicuani, Cuzco y Lima.
En la provincia existe también una escasa participación de las mujeres en los procesos de participación pública pese a contar con mecanismos legales que debieran favorecerlo. Las
mujeres, como en otras zonas del país, se siguen ocupando de las actividades productivas y reproductivas (estas últimas casi en exclusividad) pero se encuentran en una situación de desventaja al contar con menos activos y no poseer la propiedad de los recursos naturales que manejan.
A QUÉ CONTRIBUIMOS
- En las 11 comunidades en las que trabajamos, facilitaremos el acceso a agua segura y a sistemas de saneamiento apropiados a través de la construcción de sistemas de abastecimiento y tratamiento del agua y mediante la construcción de baños y letrinas. Incidimos, además, en el correcto uso y gestión de estas infraestructuras generando buenas prácticas sanitarias y prevención de enfermedades.
- Acceso a sistemas de disposición de residuos sólidos y a servicios de electricidad basados en fuentes renovables de energía (paneles solares fotovoltaicos y linternas solares) para uso domiciliario, comunal y/o productivo. Se incidirá, además, en el correcto uso y gestión de estas infraestructuras, haciendo hincapié en la bondad respecto al impacto medioambiental de las infraestructuras elegidas.
- Optimización en el uso de biomasa y prevención de enfermedades respiratorias (sobre todo para las mujeres que son las que se ocupan de las tareas asociadas al hogar) mediante la implementación de cocinas mejoradas (construcción de chimenea para la salida de humos, implementación de una parrilla, mejora de la construcción habitual, etc.) adaptadas a las necesidades, usos y costumbres de las comunidades.
- Sensibilización a la población local sobre la importancia de la preservación del medio ambiente y la relación que esta guarda con un manejo adecuado del agua y los servicios básicos.
- Incidencia, con participación de hombres y mujeres de las comunidades, en las instituciones de gobierno, con objeto de que las acciones, experiencias y buenas prácticas del proyecto son conocidas por las autoridades y con objeto de que estas mismas autoridades incorporen en sus políticas públicas y en sus presupuestos líneas de trabajo en género y medio ambiente.
- Incorporamos la perspectiva de género en todas y cada una de las actuaciones del convenio en Perú, asegurando una participación igualitaria y una apropiación de hombres y mujeres de los beneficios que se generen. Asimismo, se llevarán a cabo actuaciones específicas con las mujeres que potencien de manera más específica su empoderamiento económico y social.
Todo ello se llevará a cabo en tres niveles: formación, asesoramiento, acompañamiento a las organizaciones con las que trabajamos para incorporar la perspectiva de género en los distintos componentes que trabajamos (agua y saneamiento, residuos sólidos, etc.); para la apertura de espacios con la población para la reflexión sobre las asimetrías entre el papel de las mujeres en la economía y su rol protagónico en el acceso y gestión de servicios básicos como el agua, por un lado, y su invisibilización y falta de valorización, por otro; y para la incidencia a nivel municipal buscando la incorporación de la perspectiva de género en sus actividades y sus presupuestos.