Siguiendo el compromiso adquirido en Copenhague en diciembre de 2009, 80 de los 192 países presentes en la pasada Cumbre del Clima han presentado ya a Naciones Unidas sus objetivos de reducción de emisiones con
cifras muy decepcionantes e insuficientes, que hacen presagiar que no hay motivos para el optimismo de cara a la próxima Cumbre de México.
Europa sigue anclada en su compromiso de reducción del 20% en 2020, respecto a los niveles de 1990, condicionado a un 30% en función de los esfuerzos que estén dispuestos a realizar el resto de los países desarrollados. Estas cifras quedan muy lejos de nuestra exigencia del 40%. Estados Unidos, como ya anunció en Copenhague, no pretende ir más allá de un 17% de reducción respecto a 2005, una cifra que suena a inocentada, puesto que hablamos de uno de los países más contaminantes del mundo.
Paradójicamente, los países emergentes han presentado índices de recorte de emisiones más ambiciosos que los países desarrollados, incluso tomando el año 2005 como referencia. China se ha comprometido a reducir los gases de efecto invernadero entre el 40% y el 45% de aquí a 2020 y Brasil ha anunciado reducciones ambiciosas de entre el 36% y el 39%. Por su parte, India ha comunicado a Naciones Unidas objetivos de reducción entre el 20% y el 25% y Corea del 30% para 2020.
Aunque la mayoría de los países no especifican de qué manera se llevarán a cabo estas reducciones, resulta paradójico que los esfuerzos por parte de los países emergentes sean mayores que los de los países desarrollados. Respecto a cómo se van a llevar a cabo estas reducciones, insistimos en que no es comparable reducir emisiones a nivel interno apostando por energías limpias, que recortar emisiones utilizando mecanismos de compensación de emisiones a nivel externo, a través de los llamados
mecanismos de desarrollo limpio (MDL) o los
mecanismos de reducción de emisiones procedentes de la deforestación en países en desarrollo (REED).
La reducción a nivel interno debe ser la principal apuesta del gobierno español y de la Unión Europea.
Sin embargo, y a pesar de las propuestas de reducción anunciadas por estos 80 países, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ya ha aclarado que estos
objetivos son insuficientes para evitar que la temperatura global suba por encima de los dos grados centígrados, el límite de seguridad fijado por el IPCCC.
Con este panorama y aunque muchos negociadores sigan insistiendo en que el acuerdo de Copenhague ha sido un paso significativo, las expectativas para la próxima Cumbre de México no pueden ser más negativas. Según el desarrollo de los acontecimientos,
hubiese sido mejor salir de Copenhague sin un “pseudoacuerdo” pero sí con un calendario de trabajo sólido en el que los países siguieran negociando hasta México, y se comprometieran con reducciones drásticas y no con propuestas sin ambición ninguna, que no ofrecen respuestas reales para atajar el cambio climático.