Los bosques del Magreb están de enhorabuena, a pesar de la frágil situación en la que se encuentran, la población ha decidido luchar por su conservación. Estos bosques son unos ecosistemas con un gran valor debido a la biodiversidad que alberga y la población rural que acoge y que depende de ellos. Pero su cercanía al desierto del Sáhara y los efectos del cambio climático sitúan a esta estrecha franja en una zona altamente vulnerable.
Por eso uno de los principales objetivos es adoptar nuevas estrategias que procuren su conservación. Para lograrlo, una de las tareas prioritarias es involucrar a la población local en la gestión de estos espacios pero, ¿es posible que la gestión de los bosques se realice de una manera participativa y sostenible?
Para intentar responder a esta pregunta se celebró en Chefchaouen, Marruecos, entre el 5 y el 8 de diciembre, el "Taller de Intercambio de Experiencias y Reflexión sobre explotación sostenible de Recursos Forestales por parte de la población local en Argelia, Túnez y Marruecos". A él acudieron participantes de los tres países del Magreb representando todos los actores que conforman la gestión participativa del bosque como personal de la administración forestal, cooperativas y selvicultores.
Los tres países comparten ciertas líneas generales en cuanto a la gestión de recursos forestales. En los tres,
el estado es el propietario del terreno forestal pero son las empresas privadas las que se encargan de su explotación, lo que limita su uso a la población. Esto ha generado un conflicto entre la población local, que se siente ignorada, y la administración, que es vista como un agente de represión más que de desarrollo.
Para IPADE,
una de las acciones prioritarias es la mejora de las condiciones de vida de poblaciones rurales vulnerables en zonas ecológicamente sensibles. Poner en marcha mecanismos que consigan una gestión participativa y ordenada de estos recursos ayuda a prevenir la degradación medioambiental y mejora la calidad de vida de las poblaciones rurales. Iniciativas de participación de este tipo se dan ya en los tres países como puede ser la cooperativa forestal D´Amlay en Chefchaouen, Wifafa de Larache, cooperativa dedicada al cultivo y comercialización de champiñones, la Unión de Cooperativas Apícolas del RIF (UCAP), la microempresa Hafir en Argelia, y varios Grupos de Desarrollo Agrícola (GDA) de Túnez como Tabouba, Nadhour, Hammam. Durante el encuentro todas mostraron sus experiencias que reflejaron cómo de forma conjunta la población puede organizarse para defender el entorno y su medio de vida.
El evento, llevado a cabo junto con la contraparte local
ATED (Asociación Talassemtane pour le Environnement et le Developpement) y el resto de representantes de IPADE en Túnez y Argelia, analizó cómo la gestión participativa contribuye a la sostenibilidad de los bosques bajo cuatro puntos de vista: medioambiental, económico, social y jurídico. También se analizó la situación de cada país recogiendo los límites y ventajas que ofrecen los diferentes mecanismos de participación en cada región. Mientras que en Marruecos se han formado cooperativas, en Túnez la movilización de los beneficiarios es más complicada. En Argelia, sin embargo, lo dificultoso es la formación de microempresas.
Una vez abierto el diálogo se buscaron soluciones consensuadas y se hizo evidente la necesidad de unir esfuerzos. A pesar de la falta de conocimiento de las herramientas legales por parte de la población y las organizaciones, la falta de confianza que tienen en el Estado, el papel poco valorado de las mujeres respecto a los hombres o las dificultades para competir con empresas dedicadas al mercado forestal,
surgieron muchas propuestas para lograr un desarrollo integral del territorio.
Está prevista la creación de un fondo estatal para otorgar créditos a las organizaciones y se pretende entablar el diálogo con el Estado para ayudar a la difusión de las herramientas legales, los derechos y deberes de la población. Se ha visto la necesidad de diversificar el aprovechamiento forestal de manera sostenible y de colaborar entre las distintas organizaciones y para planificar de forma conjunta estrategias de gestión que incluyan la participación de todos los actores.
El buen ambiente en el que se desarrolló el taller y la predisposición de los participantes para intercambiar sus experiencias y aprender de las de otros hizo que fuese todo un éxito. La mayor participación de mujeres en el mismo puso de manifiesto su mayor integración y las evaluaciones realizadas a su finalización reflejan que en general los participantes valoraron positivamente su asistencia.