La deforestación, una infraestructura inadecuada y un sistema de gestión de riesgos deficiente, sumado al aumento de las precipitaciones, provaca más de un centenar de muertes en la región centroamericana.
Quiché, 24 de octubre de 2011. Los desastres ambientales no son una novedad en Centroamérica. Cada año, en la época de lluvias, miles de familias se ven obligadas a abandonar sus viviendas para refugiarse en colegios y ayuntamientos. Muchas regiones se paralizan, se cortan carreteras, se pierden las cosechas y los niños dejan de ir a la escuela.
Este año, las primeras lluvias se han adelantado y los suelos, saturados por una temporada anterior también muy lluviosa no dan a más. Las prolongadas e intensas precipitaciones de los últimos días han provocado inundaciones y deslizamientos que han causado ya más de un centenar de víctimas y unos 700.000 damnificados.
Según varios informes del PNUD, Centroamérica constituye una de las regiones del mundo más propensas a los desastres naturales. La fuerte deforestación provocada por la sobre explotación de las grandes industrias agrícolas y la situación de pobreza en la que vive la mayor parte de la población la hacen especialmente vulnerable.
"La situación actual no es algo repentino y aislado, o algo atribuible a una sola causa", explica nuestro técnico de cooperación expatriado en Guatemala. "La suma de infraestructuras en mal estado y mal mantenidas, las características geomorfológicas del país, los asentamientos desatinados, la amplia desforestación, principalmente por avance humano, y una larga época de lluvias han provocado el actual estado de calamidad", comenta.
Las infraestructuras en la mayoría de estos países son muy deficientes y la sobre explotación de los suelos hacen que sean muy sensibles a derrumbamientos y deslizamientos de tierra. A esto se le suma la escasa inversión que se destina a la prevención. "En casi ninguno de los casos se ha pensado en re-proteger las zonas aledañas desforestadas, quedando el terreno sin resguardo frente a las lluvias", dice el expatriado de IPADE. "De hecho, todo lo contrario, estás zonas son usadas para cultivos que no protegen ni mantienen el suelo y eliminan la capa vegetal natural de los suelos", afirma.
Además, mucha gente levanta sus casas con frágiles láminas de contrachapado en lugares muy vulnerables, como cauces naturales de ríos y corrientes. "Muchos asentamientos humanos son precarios, improvisados, no regulados y oportunistas, tanto en su localización como en su estructura y mantenimiento". Ello se debe al aumento demográfico de la población, sus bajos recursos económicos o la falta de educación en gestión de riesgos.
La reforestación de las zonas boscosas y una correcta gestión de la aguas y de los suelos ayudarían a absorber las grandes cantidades de agua que caen en la región. Además, la educación para la prevención de riesgos y luchar contra la pobreza reducirían los asentamientos vulnerables y evitarían las pérdidas humanas.