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La mitigación
del cambio climático (disminuir su peligrosidad
mediante la reducción de las emisiones de gases
de efecto invernadero) y la adaptación a sus efectos,
son dos maneras diferentes de abordar el problema del
cambio climático, que deben ir de la mano, y que
además deben ser entendidas como herramientas de
lucha contra la pobreza.
Los países industrializados,
como principales responsables del cambio climático
generado por el hombre, deben liderar la lucha contra
este fenómeno y destinar recursos y ayuda a los
países en desarrollo (los más afectados,
a pesar de su escasa contribución a la generación
del problema) de manera que éstos consigan reducir
en lo posible, los efectos adversos del calentamiento
global del planeta.
Este argumento ético,
ha convertido a la Cumbre de Nairobi
(la primera celebrada en un país subsahariano)
por su contexto geográfico, en el escenario idóneo
para conceder a la adaptación al cambio climático
en los países en desarrollo, la atención
que hasta el momento no había recibido.
Así, esta COP12, a diferencia
de las anteriores, ha revelado un alto grado de concienciación
por parte de los responsables políticos de los
países presentes en la Cumbre, sobre la amenaza
que supone el cambio climático para las iniciativas
de desarrollo y los esfuerzos de reducción de la
pobreza.
El Secretario General
de Naciones Unidas, Kofi Annan, manifestó
que el cambio climático amenaza con frustrar los
esfuerzos de erradicación de la pobreza y hacer
más incierta la perspectiva de alcanzar los Objetivos
de Desarrollo del Milenio. Este panorama
ha permitido que en el marco de esta cumbre se hayan alcanzado
algunos acuerdos positivos aunque insuficientes, dirigidos
a mejorar el posicionamiento de los países en desarrollo
frente al cambio climático.
Por ejemplo, se ultimaron
las normas relativas al Fondo Especial para el
Cambio Climático (SCCF), aunque los recursos
económicos provistos son aún escasos, y
las áreas prioritarias de actuación se centran
en la mitigación, dejando poco espacio para el
desarrollo de proyectos de adaptación en los países
menos avanzados.
Por otro lado, uno de
los logros positivos de esta Cumbre ha
sido el acuerdo alcanzado respecto a las actividades del
programa de trabajo de 5 años sobre impactos, vulnerabilidad
y adaptación. Estas actividades ayudarán
a mejorar el proceso de toma de decisiones en lo relativo
a estos temas. Sin embargo, el programa cuenta con recursos
económicos limitados, que dependen exclusivamente
de la contribución voluntaria por parte de los
países donantes. Otro resultado importante de la
cumbre es el acuerdo sobre la gestión del
Fondo de Adaptación en el marco del Protocolo
de Kioto. Este fondo percibe beneficios generados por
el Mecanismo de Desarrollo Limpio (1 de los 3 mecanismos
de flexibilidad que define el protocolo) y tiene como
finalidad apoyar actividades concretas de adaptación
en los países en desarrollo. En la cumbre se definieron
aspectos relativos a sus principios y modalidades. Se
acordó que el control del fondo recayera en las
Partes del Protocolo de Kioto, bajo la modalidad “un
país, un voto”, lo que permite que los países
en desarrollo estén representados de manera justa
en el cuerpo que gestiona este fondo.
Es urgente sin embargo,
que este fondo comience a estar operativo a lo largo del
2007 y sería deseable que los otros 2 mecanismos
de flexibilidad que recoge el Protocolo de Kioto, contribuyeran
también a la financiación del mismo.
A lo largo de las dos
semanas de negociación, el tema de la distribución
regional no equitativa de los Mecanismos de Desarrollo
Limpio (actualmente el mercado está dominado por
grandes potencias como India, China, o Brasil, y los países
africanos encuentran serias dificultades para acceder
a él), salió a relucir de manera recurrente.
Para abordar este problema, el Secretario General de la
ONU ha dado a conocer un plan denominado el “Marco
de Nairobi” a través del cual 6 organismos
de las Naciones Unidas han puesto en marcha una iniciativa
para ayudar a los países en desarrollo- en particular
a África – a participar en el Mecanismo para
el Desarrollo Limpio.
El
principal acuerdo alcanzado en materia de mitigación
es la revisión del Protocolo de Kioto en
la Conferencia de las Partes del año
2008. Esto permitiría, en base a
los resultados de esa revisión, comenzar
a plantear a lo largo del 2009 los compromisos de
reducción de gases de efecto invernadero
por parte de los países industrializados
para el segundo periodo de compromiso (2012-2017),
y se garantizaría que no hubiera un desfase
entre el primer y el segundo periodo de compromiso.
Las conclusiones de la revisión del protocolo
no serán vinculantes con lo que se defina
respecto a las metas de reducción de emisiones
para el segundo periodo de compromiso. Además,
el Grupo de trabajo Ad Hoc sobre compromisos futuros
para las Partes del Anexo I comenzará su
trabajo con un análisis del potencial de
los países industrializados para reducir
sus emisiones, en lugar de establecer un objetivo
global de reducciones de acuerdo a lo que plantea
la comunidad científica y supeditar las decisiones
que se tomen en el marco del segundo periodo de
compromiso a esta meta global.
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IPADE
entregando la chapa y el tríptico de la campaña:
CAMBIO CLIMÁTICO Y LUCHA CONTRA LA POBREZA
al Presidente de GREEN ÁFRICA ©
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Coincidiendo con la publicación,
justo antes de la celebración de esta cumbre, del
Informe Stern, que cuantifica los gastos
asociados a la mitigación del cambio climático
en relación a los costes derivados de la adaptación
a sus consecuencias si no se toman medidas al respecto
(1% del PIB mundial frente a cifras que podrían
alcanzar el 20% del PIB global), se ha observado un importante
giro en el fondo del debate sobre el cambio climático.
Según Yvo de Boer, Secretario Ejecutivo de la Convención
Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
las políticas respecto a este tema, están
pasando de ser consideradas como un factor de costo para
el desarrollo, a una oportunidad para fomentar el crecimiento
económico de manera sostenible.
Sin embargo, a pesar
de este giro conceptual, los acuerdos alcanzados en el
marco de Nairobi en cuanto a la mitigación y la
adaptación al cambio climático, aunque están
en la correcta dirección no dejan de ser pequeños
pasos que adolecen de una importante falta de voluntad
política, para nada en consonancia con la urgencia
con la que la comunidad científica nos plantea
que debemos afrontar el problema del cambio climático.
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