Durante la charla-entrevista que mantuvieron la periodista de EL MUNDO, Rosa Mª Tristán y el uruguayo Eduardo Gudynas, Secretario Ejecutivo del Centro Latinomericano de Ecología Social (CLAES), se abordaron diversos temas en torno a la justicia ecológica, los derechos de la naturaleza y su incorporación por ejemplo a la Constitución Ecuatoriana, así como la política ambiental de los gobiernos de izquierdas de América Latina.
Eduardo Gudynas comenzó por aclarar cuáles eran las diferencias entre justicia ambiental y justicia ecológica, ya que se trata no sólo de un juego de palabras. Para Gudynas, la justicia ambiental sigue una visión más tradicional en la que se mide cómo los impactos ambientales afectan a la calidad de vida de las personas y en la que su salud se ve comprometida.
Por el contrario, en la justicia ecológica se entiende que la naturaleza cuenta con unos derechos que le son propios, tiene valor en sí misma y por lo tanto merece ser protegida, independientemente de que reporte o no un valor económico al ser humano; bajo este prisma de la justicia ecológica tienen cabida todas las especies, aunque sean feas e inútiles, y cuando se destruye un ecosistema afecta a la biodiversidad y asistimos a un acto de injusticia.
En cuanto a los derechos de la naturaleza, el pensador uruguayo destacó la importancia y la novedad que supone su incorporación en la Constitución ecuatoriana de 2008, que también introduce el concepto de pachamama y la posibilidad de recuperación de los ambientes degradados por el ser humano. Para Gudynas, es importante que estas ideas se hayan incorporado a los debates aunque en la práctica la aplicación de estos conceptos sea complicada y en muchos casos contraria a las políticas ambientales que en la práctica lleva a cabo el gobierno de Ecuador, como por ejemplo la legislación que sigue apostando por la expansión del sector minero.
Respecto al buen vivir, Gudynas lo define como una visión alternativa a las posturas clásicas sobre el desarrollo y la calidad de vida. Mientras que las posturas convencionales se interesan por el consumo material y conciben al entorno como un conjunto de recursos que deben ser aprovechados, el buen vivir se interesa más en la calidad de vida de las personas y el respeto por la Naturaleza.
También destacó Gudynas que, en su opinión, una gran parte de los Gobiernos de izquierdas en América Latina, a pesar de contar con un apoyo importante de las comunidades indígenas y de abogar en sus discursos por una nueva relación con la naturaleza, han sido pésimos desde el punto de vista ambiental y practican lo que denomina neoextractivismo.
Según Gudynas, muchos gobiernos han tenido que fomentar la exportación y la extracción de materias primas para poder seguir financiando sus programas de lucha contra la pobreza. Por ejemplo en el caso de Bolivia, para poder mantener este tipo de políticas parece necesario seguir vendiendo más gas natural. De esta manera, los gobiernos de izquierdas se ven en un callejón sin salida y siguen optando por un modelo de extracción de materias primas similar al realizado por gobiernos anteriores, pero con un papel estatal más importante.