Finalmente el acuerdo en Cancún llegaba de madrugada, tras una ardua labor de la presidencia mexicana que a última hora de la tarde presentaba un texto al Plenario que en principio dejaba satisfechas a todas las Partes. La ministra de medio ambiente, Rosa Aguilar, antes de dejar la Cumbre para asistir al Consejo de Ministros de pesca de la UE, señalaba en la última reunión con las ONG españolas que hemos seguido las negociaciones en Cancún: "estamos satisfechos con este texto que recoge el sentir de la mayoría, ahora toca defenderlo en plenario para que no se devalúe".
Bolivia intentó bloquear la aprobación final del acuerdo: su postura era mucho más ambiciosa en materia de recortes de emisiones que cualquiera de las cifras que se habían manejado hasta el momento y su legítima defensa de la justicia climática iba mucho más allá de lo que las delegaciones estaban dispuestas a asumir. Finalmente la delegación boliviana se quedó sola, sin el apoyo de Cuba y Venezuela, sus principales aliados, y aseguraba que recurrirá ante todas las instancias internacionales la decisión acordada.
A pesar de que Cancún ha supuesto un avance respecto a Copenhague, ya que se ha recuperado la confianza en el sistema multilateral de Naciones Unidas, no es suficiente y queda todavía mucho por hacer para que el próximo año se apruebe un acuerdo jurídicamente vinculante que frene el calentamiento global y asegure que las poblaciones más afectadas por el cambio climático, fundamentalmente en países en desarrollo, van a contar con la financiación justa y necesaria para adaptarse a sus efectos.