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Pérdida de biodiversidad: una amenaza para la seguridad alimentaria y la salud de las poblaciones empobrecidas

 
Pérdida de biodiversidad: una amenaza para la seguridad alimentaria y la salud de las poblaciones empobrecidas
Acudiremos como observadores a la próxima Cumbre de Biodiversidad (COP 10- 18 al 29 oct de 2010 en Nagoya-Japón) donde seguiremos apostando por la promoción de sistemas de gestión de la biodiversidad que contribuyan a erradicar la pobreza. Además, consideramos que la conservación de los ecosistemas fortalece sectores económicos fundamentales para el desarrollo de los países menos avanzados.

El 70% de la población mundial que vive bajo el umbral de la pobreza, habita en zonas rurales y es directamente dependiente de los bienes y servicios de los ecosistemas. Por este motivo, la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental son dos de las mayores amenazas para la calidad de vida, la seguridad alimentaria y la salud de las poblaciones más vulnerables: el 90% de sus necesidades de alimentos, medicinas y combustible las obtienen directamente de los ecosistemas.

La preservación de la biodiversidad es clave en al menos 5 aspectos fundamentales:

Seguridad alimentaria

1.020 millones de personas no disponen de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas (informe FAO 2009). La pérdida de biodiversidad incrementa la inseguridad alimentaria a la que se enfrentan estas poblaciones e incide directamente en sectores relacionados con ella, como son la agricultura, la pesca, la ganadería y el sector forestal.

Por ejemplo, las poblaciones del sudeste asiático se enfrentan a una paulatina reducción del número de peces y otras especies acuáticas, una de sus principales fuentes de alimento. Esta drástica disminución de una de sus principales fuentes de alimentación se debe a problemas como la contaminación del agua, el aumento en el uso de pesticidas y la pesca ilegal con técnicas agresivas como la dinamita o las redes de arrastre.

Por otra parte, la desaparición de la vegetación que protege y enriquece el suelo, provoca que se agraven los procesos de degradación de la tierra, lo que influye negativamente en su capacidad de albergar ecosistemas que suministren alimentos y otros servicios ambientales básicos. En algunas zonas del sur de Senegal, la degradación definitiva del subsuelo en zonas semiáridas se ha convertido ya en un problema de carácter estructural que provoca cosechas irregulares e insuficientes y, por tanto, escasez de alimentos.

Salud

Según la OMS, el 80% de la población mundial depende de remedios tradicionales extraídos de especies silvestres. En muchos países de Asia y África, el 80% de la población depende de la medicina tradicional para sus cuidados básicos y en la medicina tradicional y moderna se utilizan más de 70.000 especies vegetales. La aspirina, por ejemplo, se derivaba originariamente de la salicina, extraída del sauce y muchos medicamentos anticancerígenos se elaboran a base de la planta vinca rosa, que crece en muchos países del área ecuatorial.

La sobreexplotación y el deterioro de los ecosistemas están provocando la pérdida de estos recursos medicinales tradicionales. Además, las plantas medicinales forman parte del acervo cultural de muchas comunidades locales y de los pueblos indígenas. En la Amazonía, por ejemplo, los pueblos indígenas utilizan más de 1.300 plantas medicinales.

Generación de ingresos y medios de vida sostenibles

La subsistencia de más de 5.000 millones de personas depende directamente de la biodiversidad marina y costera, de los bosques, los productos forestales no maderables y de la diversidad biológica de las áreas sub-húmedas y secas.

Además de ser una fuente de recursos directos para las poblaciones más pobres, la conservación de los ecosistemas fortalece sectores económicos fundamentales para el desarrollo de los países menos avanzados, como son la agricultura, la forestería, la pesquería y el turismo.

El uso y la gestión de los recursos de la biodiversidad reporta cuantiosos beneficios económicos que generalmente no revierten en los habitantes de las regiones de extracción de esos recursos. En este sentido, esta Cumbre de biodiversidad debería articular mecanismos legales que regulen y garanticen el reparto justo y equitativo de los beneficios derivados de la explotación de la biodiversidad, entre las empresas, las poblaciones locales y las instituciones gubernamentales, de forma que esos beneficios supongan un impacto positivo en el desarrollo de las regiones de origen de los recursos (especialmente en las poblaciones más desfavorecidas de esas regiones: pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, ancianos) y no recaigan tan sólo en manos de las empresas extractoras, manufactureras y distribuidoras.

Disminución de la vulnerabilidad ante desastres

Las poblaciones más pobres son más vulnerables ante fenómenos climáticos extremos, ya que cuando sus ecosistemas están degradados los impactos de las catástrofes son mayores. La protección natural que otorgan determinados ecosistemas, como los manglares y los arrecifes coralinos, es vital a la hora de mitigar tormentas tropicales y ciclones. Estos ecosistemas protegen las zonas costeras y a sus poblaciones contra los impactos del cambio climático.

Los manglares, gracias a la fuerza de arrastre de sus raíces y tallos, son capaces de limitar la energía y el tamaño de las olas que golpean a las costas siete veces más que las playas sin vegetación (UICN). En Indonesia, tras el tsunami de finales de 2004, las zonas resguardadas por manglares se vieron menos afectadas por las consecuencias del desastre que aquellas en las que el manglar se había deforestado, ya que el manglar actúo como barrera natural a la entrada de las olas.

Preservación de valores culturales y espirituales

Además de la gran dependencia humana de los recursos naturales, la biodiversidad está íntimamente vinculada con la identidad, la cultura y la espiritualidad de muchas comunidades locales y pueblos indígenas. Por ejemplo, muchas comunidades indígenas del norte de Vietnam y del este de Camboya, así como los pueblos mamanwa de Filipinas distribuidos en varias de las islas, han construido su sistema de creencias en torno a los elementos naturales, con un complejo entramado espiritual de valores y ceremonias ligados a los ciclos de la naturaleza.

La declaración de áreas protegidas ha sido una de las herramientas de conservación más extendidas para intentar proteger estos valores. Sin embargo, estos procesos de declaración han ignorado en muchos casos los derechos humanos, los conocimientos y las prácticas tradicionales de las poblaciones locales, devaluando su identidad cultural y sus capacidades. Por ello, siguen demandando que se las tenga en cuenta como agentes activos en los procesos de declaración de áreas, puesto que sus modelos de gestión han conservado, hasta hoy, las zonas a proteger y su exclusión de estos procesos de declaración les afecta muy negativamente. Apoyamos estas demandas ya que la declaración de áreas protegidas sin tener en cuenta a estas poblaciones supone la desestructuración de sus modelos de vida tradicionales.

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