Madrid, 21 de mayo de 2010. La pérdida de biodiversidad incide directamente en sectores como la agricultura, la pesca, la ganadería y el sector forestal, que son la base de subsistencia para las poblaciones más pobres de países en desarrollo, muy dependientes de estos sectores para generar sus ingresos y su alimentación básica. Mientras los
líderes mundiales siguen incumpliendo sus compromisos para frenar la pérdida de biodiversidad, la desaparición de especies continúa: desde 1970, las áreas de manglares y praderas marinas se han reducido en un 20%.
“Cada vez hay menos pescado.
Es más difícil vivir de la pesca ahora que hace veinte años. Antes, se encontraba el pescado a doscientos o trescientos metros y ahora hay que irse muy lejos para encontrarlo” comenta
Mamadou Lamine del
colectivo nacional de pescadores de Dakar1. Tampoco mejoran las cosas en la agricultura; la degradación definitiva del subsuelo en las tierras secas del sur de Senegal se ha convertido ya en un problema estructural que provoca cosechas irregulares e insuficientes y, por tanto,
escasez de alimentos. Con la permanente desaparición de la diversidad biológica está en peligro la seguridad alimentaria de estas poblaciones:
1.020 millones de personas siguen sin disponer de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas (FAO 2009).
Es fundamental que los líderes mundiales concreten medidas efectivas para frenar la pérdida de biodiversidad en la próxima
Cumbre de Biodiversidad de Naciones Unidas (18 al 29 oct en Nagoya-Japón), ya que la
destrucción de ecosistemas afecta gravemente a poblaciones que no disponen de otras alternativas de desarrollo posible. Además, el agotamiento de los recursos naturales para las poblaciones más pobres provoca en muchos países en desarrollo
migraciones forzadas de las poblaciones rurales a los centros urbanos.
Acudiremos a la próxima Cumbre de Biodiversidad para exigir que se articulen
mecanismos legales que regulen y garanticen el reparto justo y equitativo de los beneficios derivados de la explotación de la biodiversidad, entre las empresas, las poblaciones locales y las instituciones gubernamentales. Estos beneficios deben tener un impacto positivo en el desarrollo de las regiones de origen de los recursos (especialmente en las poblaciones más desfavorecidas de esas regiones: pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, ancianos) y no recaer, como suele ser habitual, en manos de las empresas extractoras, manufactureras y distribuidoras.
Además, la preservación de la biodiversidad también es clave en otros aspectos:
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Salud: aproximadamente el
8% de las 52.000 plantas medicinales utilizadas hoy en día está en peligro de extinción. Según la OMS, el 80% de la población mundial depende de remedios tradicionales extraídos de especies silvestres. En muchos países de Asia y África, el 80% de la población depende de la medicina tradicional para sus cuidados básicos y en la medicina tradicional y moderna se utilizan más de 70.000 especies vegetales.
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Disminución de la vulnerabilidad ante desastres: las poblaciones más pobres son más vulnerables ante fenómenos climáticos extremos, ya que cuando sus ecosistemas están degradados los impactos de las catástrofes son mayores. La protección natural que otorgan determinados ecosistemas, como los
manglares, los
arrecifes coralinos y los bosques, es vital a la hora de
mitigar tormentas tropicales y ciclones.
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Preservación de valores culturales y espirituales: la biodiversidad está íntimamente vinculada con la identidad, la cultura y la espiritualidad de muchas comunidades locales y pueblos indígenas.
La declaración de áreas protegidas ha sido una de las herramientas de conservación más extendidas para intentar proteger la biodiversidad. Sin embargo, estos procesos de declaración han ignorado en muchos casos los derechos humanos, los conocimientos y las prácticas tradicionales de las poblaciones locales, devaluando su identidad cultural y sus capacidades. Por ello, siguen demandando que se las tenga en cuenta como agentes activos en los procesos de declaración de áreas. Otro dato a tener en cuenta: en los países en desarrollo, por cada dólar que se invierta en la gestión de riesgos previo a un desastre, podrían impedirse pérdidas de hasta siete dólares (PNUD 2007).
1 Testimonio extraído del documental “Tukki, la huella ambiental”. Imágenes disponibles en:
www.fundacion-ipade.org/tukki
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