Madrid, 15 de junio de 2010- La
degradación del suelo es un problema mundial relacionado directamente con la
pobreza, el
hambre y las migraciones forzadas, que afecta a dos tercios de la tierra cultivable del mundo donde residen las poblaciones más pobres. Más de 2.000 millones de personas padecen los nefastos efectos de la desertificación, provocada entre otros factores por la deforestación y la sobreexplotación del suelo y agravada por el calentamiento global.
“El suelo está muy debilitado. Ahora
la producción es menor que antes y
ya no llega para alimentar a toda la familia. Además, cada año está todo más seco” señala Mamadou, alcalde de Karcia (provincia de Kolda, la región más pobre de Senegal), en el
documental “Tukki, la huella ambiental” que aborda la problemática de las migraciones ambientales ante el agotamiento de los recursos naturales. A pesar de la gravedad del problema, la comunidad internacional sigue sin invertir recursos económicos suficientes para frenar la desertificación y sigue dando la espalda a los habitantes de las tierras secas que difícilmente encuentran alternativas para subsistir.
La desertificación incrementa la situación de pobreza de las poblaciones afectadas por este fenómeno y provoca su migración hacia los núcleos urbanos. Naciones Unidas estima que en 2020 la degradación del suelo forzará a 135 millones de personas (la población de Francia y Alemania) a abandonar sus hogares para buscar una vida mejor.
África es el continente más vulnerable ante la desertificación: en el Cuerno de África y el Sahel ya se viven situaciones de grave crisis debido al aumento de las sequías. Si continúa la tendencia vigente, unos
60 millones de personas se habrán visto obligadas a migrar desde las áreas desertificadas del África subsahariana en 2020 (Earth Action, 2006).
Aunque las consecuencias sobre el continente africano no son comparables, los países desarrollados tampoco escapan a sus efectos. En
España, el 37% del suelo está amenazado por la desertificacióny el agotamiento de la tierra en algunas regiones del sur comienza a ser problemático. Paradójicamente, el Programa de Acción Nacional contra la desertificación que aprobó el gobierno español en 2008 sigue sin tener dotación económica, lo que muestra la falta de interés por este tema.
La lucha contra el cambio climático pasa también por frenar la desertificación
La falta de lluvias, unida al aumento de las temperaturas y a flujos de agua cada vez menos predecibles, ya está provocando en muchos países en desarrollo cosechas irregulares e insuficientes y, por tanto, escasez de alimentos.
Debido al cambio climático se prevé que
la producción agrícola en Senegal podría descender en un 50%. Las sequías y la pérdida de productividad de la tierra son factores determinantes en las migraciones hacia las grandes ciudades para huir de la pobreza.
Los cambios climáticos globales están intensificando las condiciones de aridez de la tierra, de la misma manera que
la desertificación puede contribuir a modificar el clima a nivel global ya que los suelos, por la erosión, pierden su capacidad como sumideros de carbono y su rica biodiversidad.
Exigimos a los Estados que apuesten por políticas sostenibles de gestión del suelo y aprovechen esta oportunidad para “fijar” más gases de efecto invernadero. Consideramos fundamental
promover métodos orgánicos de enriquecimiento de la tierra, como por ejemplo el aporte de compost, que facilitan la fijación de CO2 e incrementan la capacidad productiva del suelo. IPADE promueve este tipo de técnicas en varias iniciativas de lucha contra la erosión en países como Bolivia y Ecuador, experiencias que permiten mejorar la calidad de vida de las poblaciones locales a través de la promoción de la
agricultura sostenible.
TESTIMONIOS DEL DOCUMENTAL DISPONIBLES EN:
www.fundacion-ipade.org/tukki y en DVD.